27 junio 2009

El desvío

“Cuando la autodestrucción entra en el corazón, al principio parece apenas un grano de arena. Es como una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado; pero pierdes el tren de las 8.20 y llegas tarde para solicitar un aumento de crédito. El viejo amigo con quien vas a comer de repente agota tu paciencia y para mostrarte amable te tomas tres copas, pero el día ya ha perdido forma, sentido y significado. Para recuperar cierta intencionalidad y belleza bebes demasiado en las reuniones, te propasas con la mujer de otro y acabas por cometer una tontería obscena y a la mañana siguiente desearías estar muerto. Pero cuando tratas de repasar el camino que te ha conducido a este abismo sólo encuentras el grano de arena”.

En Diarios de John Cheever.

19 junio 2009

Remanencia

¿Qué te hace sufrir?
Como si se despertara en la casa sin ruido
el ascendiente de un rostro
al que parecía haber fijado un agrio espejo.
Como si, bajadas la alta lámpara y su resplandor
encima de un plato ciego,
levantaras hacia tu garganta oprimida
la mesa antigua con sus frutos.
Como si revivieras tus fugas entre la bruma matinal
al encuentro de la rebelión tan querida,
que supo socorrerte y alzarte mejor que cualquier ternura.
Como si condenases,
mientras tu amor está dormido,
el pórtico soberano y el camino que lleva a él.
¿Qué te hace sufrir?
Lo irreal intacto en lo real devastado.
Sus rodeos aventurados cercados de llamadas y de sangre.
Lo que fue elegido y no fue tocado,
la orilla del salto hasta la ribera alcanzada,
el presente irreflexivo que desaparece.
Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.

Remanencia de René Char.

10 junio 2009

Putas asesinas

“Escucha siempre con atención. Max, las palabras que dicen las mujeres mientras son folladas. Si no hablan, bien, entonces no tienes nada que escuchar y probablemente no tendrás nada que pensar, pero si hablan, aunque sólo sea un murmullo, escucha sus palabras y piensa en ellas, piensa en su significado, piensa en lo que dicen y en lo que no dicen, intenta comprender qué es lo que en realidad quieren decir. Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir, En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida (…) Nadie comprenderá jamás mis palabras de amor. Tú, Max, ¿recuerdas algo de lo que dije mientras me la metías? (…) No, en realidad no lo recuerdas. Tú bebías demasiado y estabas demasiado ocupado con mis tetas y con mi culo. Y no entendiste nada, de lo contrario habrías salido corriendo a la primera oportunidad (…) Has sido el príncipe que ha provocado el orgasmo, puedes sentirte satisfecho. Y yo te di la oportunidad de escapar, pero tú fuiste también el príncipe sordo”.

En Putas asesinas de Roberto Bolaño.

04 junio 2009

Dolores

Voy con la nena, me dijo, y ya lo imaginé todo. Una reunión breve. No soy capaz de pasar muchas horas con un niño dando vueltas por mi casa. Una cita aburrida. ¿Cómo sostener una conversación sobre Baudelaire o sexo anal delante de una criatura? No íbamos a poder hablar de esas cosas que nos mantenían despiertos en la edad de oro de nuestra amistad. Repasé intensamente todas nuestras imposibilidades actuales y me lamenté. Saber de antemano me hizo sentir viejo. Había creado un recuerdo anticipado del encuentro y ya quería olvidarlo. Bajé a abrirle y, efectivamente, ahí estaba, con Laurita en brazos.
-¿Qué hacen locas? Tanto tiempo...
-Bien. Subamos que hace frío. Tengo mil cosas para contarte.

Hace años que conozco a Lola. Ese día que entró al aula, en sus ropas de oficina, llamó la atención de todos. Es que sus tetas son las mejores que una mujer puede tener. Redondas. Paradas. Naturales. Además, es muy linda, ella. Ahí estaba yo, sentado al fondo, con los ojos clavados en sus pechos bamboleantes. La vi caminar, esquivando sillas y miradas, directo hacia mí.
-¿Qué tal?
-Fascinado.
Se rió, tímida, como si no me creyera. Nos hicimos amigos enseguida. Con el tiempo, me acostumbré a no mirarle las tetas. Le puse un biombo amistoso a mi excitación. Su discreción y vergüenza ayudaron: es de esas mujeres que, o bien no saben lo que tienen, no son concientes del poder de unas buenas tetas, o bien lo saben, pero no les importa en absoluto, no las muestran ni las usan. Cuando se pone un bikini, por caso, se cubre con un pareo o si viste un escote, está muy incómoda, pendiente todo el tiempo de que nada se escape, y acaba por taparse con algún saquito a mano.

Subimos y fue hasta el cuarto a sacarse los abrigos y tirarlos sobre mi cama. Me sorprendió verla con un strapless. Nos sentamos en los sillones del living. Con la nena en brazos, se lanzó a hablar:
-El laburo. Me tiene podrida. Mi jefe. Me vuelve loca. No sabés lo que me hizo. El otro día...
Me sonreí al escuchar de nuevo ese modo tan particular que tiene de parlotear, nervioso, ágil, con una especie de miedo irracional a las palabras largas y a las frases complejas. No sé de qué iba la historia porque enseguida dejé de escucharla. Como si tuviera un audífono, bajé el volumen de sus quejas y me quedé mirándola con nostalgia. Recordé cómo me divertía pasear con ella. Iba yo atento a las miradas que le echaban hombres calientes y mujeres envidiosas que mostrarían orgullosas sus prótesis al mundo. Esas miradas después se dirigían, curiosas, hacia mí, buscando saber quién era el beneficiario, el que podía tocar esos pechos y hundir la cabeza en medio. Yo sonreía, canchero, como si alguna vez los hubiera tenido en mis manos. Pero nunca los toqué. Traté siempre de hacer a un lado mi deseo para vivir una amistad que disfrutaba. Supongo que a ella le pasaba un poco lo mismo. No estoy seguro, porque así son las cosas cuando hay dos, sin certezas, con dudas, pero siempre hubo en el aire, entre nosotros, un tufo a cosa contenida. Creo que ella, igual que yo, gustaba de nuestra amistad y no quería echarlo todo a perder por unos polvos.

Se paró y fue hasta la computadora. Puso unos videos en youtube, unos neomuppets que cantaban y bailaban. Laurita se sentó mirando el monitor, como hipnotizada. Volvió a acomodarse en el sillón, frente a mí, y continuó. Ahora se trataba de su hermana que se había ido a vivir con no se quién a no se dónde. Seis meses pasaron desde la última vez que la vi, en el primer cumpleaños de la nena. Y pensar que nos pasábamos los días enteros tirados en su cama viendo películas. A ella le gustaba Wenders y el cine alemán. Yo prefería películas chocolateras. Nos complementábamos. Más de una vez dormimos juntos, en la misma cama. Los dos vestidos, ella de un lado y yo del otro. Se dormía primero y roncaba un poco. Entre sueños, a veces sentía que me rozaba la espalda, como al descuido. Me pregunto si una mujer se da cuenta cuando le apoya las tetas a alguien. Lola me enseñó, por ejemplo, que cuando una chica se pone una mini para salir es porque quiere sexo.
-Quiere ponerla.
-Que se la pongan, querrás decir.
-Es lo mismo.
Fue sin querer, pensaba yo, para volver a conciliar el sueño. A la mañana se levantaba rápido al baño para que no le viera su cara de dormida. Yo me iba a casa apurado, escondiendo las erecciones. Un buen día conoció un chico que le gustó mucho y después otro que le gustó más, se fue a vivir con él y tuvieron una hija. Nunca dejamos de vernos pero los encuentros se fueron espaciando hasta casi desaparecer. No está bien, dicen, que una mujer de novia se pase las horas en la cama con otro tipo aunque sólo se trate de ver películas y conversar. En estas cosas navegaba mi pensamiento mientras ellas se refería a no se qué problema con el padre de la nena.

Laurita, que hacía rato jugaba abajo de la mesa con un cubilete, pasó de una queja graciosa a un llanto estridente. Entonces, sucedió. Lola la levantó con los dos brazos, abrió un poco las piernas y la apoyó en su falda. Sin dejar de hablar, se bajó el strapless con una mano y se tapó con la otra. Ahí nomás, le dio de mamar. Traté de desviar la vista hacia la ventana, pero el sonido de la boquita succionadora me retumbaba en los oídos. No pude disimular más y clavé la mirada en su pecho.
-Y el muy cretino. Hace como dos meses. Que no me pasa un mango.
Me lo decía sin mirarme, mientras cuidaba que la nena no se manche. Mi corazón se aceleró y mi pantalón se abultó. Cuando la bebé por fin se sació, y volvió a apoyarla sobre su falda, ahí quedó, al descubierto. Era hermosa, redonda, blanca, con un pezón rosado, perfecto. Le chorreaba un hilito de leche. Por primera vez en toda la noche, Lola hizo silencio. Levantó una ceja, me miró de reojo y sonrió. Una cara que no le había visto nunca. Cinco segundos duró el milagro. Con la satisfacción de quien paga una deuda, se volvió a acomodar la remera, le secó la boca a la hija y siguió hablando.

29 mayo 2009

Meditaciones metafísicas






22 mayo 2009

Oportunismo

¿A vos te parece? En el preciso instante en que alguien se anima a desestimar la obsesión de conocer las cosas tal cual son en realidad, en el mismo momento en que alguien abandona el falso atajo entre la realidad y su representación, en el exacto segundo en que alguien decide salirse, incluso, de aquella otra aventura, la cínica, la irónica, del sabemos muy bien lo que hacemos, pero igual lo hacemos, te decía, cuando alguien se dispone con todo su ser a despojarse de sus miserias, a esperanzarse, casi románticamente, puntualmente, justo ahí, aparece otro alguien, con su fantasía no trabajada, creyendo saber cómo son las cosas pero actuando como si no lo supiera, presumiendo conocer la farsa pero insistiendo con ella, encontrando razones para conservarla, con mentiras que pretenden ser tomadas seriamente y verdades que parecen mentiras, aparece, sí, para derrumbarlo todo, para implosionar la ilusión, y coger de parada sobre sus escombros.

15 mayo 2009

28

¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! Todas estas cuestiones me asaltan,
del desfile interminable de los desleales, de las
ciudades llenas de necios,
de mí mismo, que me reprocho siempre, pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?,
de los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
de lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
de los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
la pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve, ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, oh, mi yo, oh, vida?
Respuesta
que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama, y que
puedes contribuir con un verso.

¡Oh, mi yo! ¡Oh, vida! de Walt Whitman. Oportuno, ahora que voy a cumplir años y ¿no todo está perdido?

04 mayo 2009

I´m gonna start a revolution from my bed

Don't look back in anger de Oasis, ayer en River.

21 abril 2009

¡Es la persecución, estúpido!

El video es el capítulo Soup or sonic, el único (porque lo que anda dando vueltas ahora por youtube es una truchada) en que el Coyote logra atrapar al Correcaminos. Filosofía en dibujos, por Chuck Jones.

10 abril 2009

Ella

Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.

Ella de Oliverio Girondo.

07 abril 2009

La noche pertenece a los amantes

A las cuatro de la mañana, en verano,
el dormir del amor dura aún.
Bajo los sotos se evapora
el olor de la noche festejada.


El video es Because the night de Patti Smith.

28 marzo 2009

La creación ex nihilo: el camino del arte

-Se llama corrientemente dibujar bien a hacerlo de manera de acercarse con exactitud a una visión fotográfica y eso me parece dibujar mal o más bien no dibujar para nada. A toda producción de arte, por más humilde que sea, se le pide en todo caso que sea creativa. Un relevamiento fotográfico no lo es de ninguna manera. Si es necesario emplear la terminología según la cual dibujar bien sería reproducir exactamente la visión óptica, diría entonces que el arte no empieza sino a partir del hecho de dibujar mal, y que peor uno dibuje mayor será su aporte creativo.

-¿Estima usted, como se lo hace generalmente, que un pintor, antes de dar libre curso a su fantasía de invención, debe ser previamente capaz de reproducir la imagen óptica inmediata de los objetos?

-No sólo no lo creo, sino que estoy convencido de que le será muy perjudicial haberse ejercitado para lograrlo. Me parece un ejercicio completamente ocioso. Es ejercitándose en la creación que uno tiene chance de volverse creador, y uno tiene pocas posibilidades de lograrlo ejercitándose en hacer trabajos en los que toda creatividad está excluida. Agregaría que me parece de las cosas más sencillas para cualquiera, y al mismo tiempo de las más inútiles, dibujar objetos de la manera en la que se considera generalmente dibujar bien, bajo la forma de relevamientos ópticos, y que en eso no hay ningún mérito.

En Bâtons Rompus del pintor Jean Dubuffet. Yo no podría coincidir más con sus argumentos. El dibujo es la mala copia de una foto de Stephen King.

23 marzo 2009

¿Qué NO haría Jesucristo?

“Asfixiándote, te conviertes en una leyenda en sus vidas que esa gente va a atesorar y repetir hasta que se mueran. Creerán que te han dado vida. Puedes ser su único buen acto, el recuerdo que justifique toda su existencia en su lecho de muerte. La gente te comerá de la mano si les haces sentirse como dioses. Es el martirio de san Yo. Dentro de un minuto alguien estará abrazándome desde atrás. Algún extraño me apretará fuerte con los brazos, me golpeará con los puños debajo de la caja torácica y me susurrará en el oído: ‘no pasa nada’. Al cabo de un segundo los dos estaréis desplomados en el suelo. Tú estarás sollozando y esa persona te dirá que todo va bien. Que te ha salvado. Que has estado a punto de morir. Se llevará tu cabeza al pecho y te arrullará mientras dice: ‘échense todos para atrás. Hagan un poco de espacio. El espectáculo ha terminado’. Ya te habrás convertido en su hijo. Le pertenecerás. En los años por venir, esa persona te llamará y te escribirá. Recibirás cartas y a lo mejor cheques. Sea quien sea, esa persona te querrá. Sea quien sea, estará orgullosa. Por mucho que tus propios padres no lo estén. Esa persona estará orgullosa de ti porque tú le haces estar orgullosa de sí misma. Haz cualquier cosa para reforzar ese nuevo vínculo. Esa adopción. Acuérdate de añadir detalles. Mánchale la ropa de mocos para que pueda reírse y perdonarte. Intenta agarrarte de él. Llora de verdad para que te pueda secar los ojos. Está bien llorar siempre que lo finjas. No te guardes nada. Esta va a ser la mejor historia de la vida de alguien. El resto de la gente, todos los que están en el restaurante, a veces se ponen de pie y aplauden. En cuestión de minutos, se estarán contando la historia entre ellos. Todo el mundo invitará a copas al héroe. Se trata más de su nacimiento que del tuyo. Es por eso que hago todo esto. Por eso paso tantos apuros. Para que pueda lucirse un desconocido valiente. Para salvar a una persona más del aburrimiento. No es solamente por el dinero. No es solamente por la admiración. Todo es muy fácil. No es cuestión de dar buena imagen, al menos no en la superficie, pero aún así tú ganas. Limítate a dejarte quebrar y humillar. Continúa diciéndole a la gente durante toda tu vida: lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento…”

En Asfixia de Chuck Palahniuk.

17 marzo 2009

Ocio

Acostado en la cama, escucho música y leo sobre un hombre que, acostado en su cama, escucha música y lee. Es poco probable no experimentar una pseudo identificación con el protagonista de Ocio de Fabián Casas. Un par de afecciones se purgan al leer de este tipo que es capaz de pasarse el día echado, leyendo cualquier cosa que le pase por delante, escuchando siempre los mismos discos. Y los que amamos el sublime arte de la música sabemos que poner un disco es un acontecimiento. Y que, entonces, se puede recordar eldíaqueescuchécincovecesundiscodeDylan. O el día en que Zeppelin fue el marco perfecto para mi historia de amor. Como sea, escribir, caminar por el barrio, robar un libro, masturbarse: no voy a seguir resumiendo las cosas de que es capaz un tipo ocioso porque me persigue el fantasma de mi madre, la imagen de ella leyendo lo que escribo. Pero lo que quiero decir es que el ocio no es (que poco sería si sólo fuera) la condición de posibilidad para la aparición de lo trascendental, de un pensamiento lúcido, de la filosofía, sino que es, ya, un en sí encantador. Y más obligado me consideraré con aquellas personas que me permitan gozar de mi ocio sin obstáculos, que con los que me ofrezcan los empleos más honrosos de la Tierra. Yo, acá, acostado en la cama, escuchando música, leyendo y escribiendo sobre un hombre que, acostado en su cama, escucha música, lee y escribe, quiero reclamar ocio como una actividad fundamental del ser.

(Me siento parte de un poema borgeano: ¿qué recostado lector leerá, ocioso, mis palabras sobre mi albedrío y mi jornada?).

09 marzo 2009

Mujer, que creas la verdad

Le cuento acerca de mi fascinación por Nadya, esta Mujer que tuvo octillizos gracias a un tratamiento de fertilización in vitro. Me informa que ya tiene otros seis hijos concebidos de la misma manera. Y que deseaba ser madre tan desesperadamente que terminó un matrimonio porque no podía procrear. Le digo que esta Mujer es el nuevo Dios. Y su maternidad, el último milagro perfecto. Me explica que es un milagro imposible para los hombres, que no pueden hacer nada del estilo. Le suelto, irónico, que tenemos la fuerza del torso y el pensamiento abstracto. Me asegura que no se puede clavar un clavo con el falo. Le sugiero que esta mujer no puede ser un hombre castrado, no puede ser perseguida por la envidia del pene. Me propone que soy una mujer incompleta, que soy perseguido por el deseo inconsciente de parir. Intervengo, que con todo ese dolor y esa sangre, ¡quién querría! Masculla que mi reacción es agria e insinúa que las mujeres nacen con muchas ventajas a nivel de capacidades. Opina que el día en que los hombres puedan dar a luz, entonces podremos empezar a hablar de igualdad de derechos. Le insisto, que la mujer es el último lugar sagrado, el último refugio, y esta Nadya, el último Dios. Me apunta que mi último Dios se hizo un par de cirugías estéticas para parecerse a Angelina Jolie. Le advierto que tiene sentido.